20 Oct Escrito por 

la Niguenta es un ícono de la cultura popular costarricense. Su origen y aparición aún es un misterio para investigadores y antropólogos. Y si le preguntamos a la gente común sobre esta muñequita, algunos recordarán que sus mamás, sus tías o sus abuelitas la mantenían en la sala de la casa con mucha devoción, pero muchos no podrán precisar cuándo o dónde apareció por primera vez.

Aún hoy día es frecuente encontrarla en casas y negocios como una figura de suerte y protección. Incluso, su fama y culto han llegado a Guatemala, Nicaragua, Panamá y República Dominicana. 

La estatuilla representa a una niña sentada sobre la hierba, con dos lacitos rojos en su pelo, desnuda, muy concentrada sacando un insecto llamado nigua de su dedo pulgar del pie. Además, se le suelen colocar junto a ella, otros atributos de buena suerte como una herradura, un número 13 y a veces, un trébol. 

En nuestro país, hace ya varias décadas, no era común que todas las personas usaran zapatos.  Sobre todo en las zonas rurales, nuestros campesinos trabajaban descalzos la tierra y estaban acostumbrados desde niños a transitar sobre caminos de lastre y piedra. Esto hacía que estuvieran expuestos a ser atacados por insectos y parásitos.  La nigua producía mucha picazón y la única manera de quitarla era mediante la extracción directa del animal de la piel. 

¿Por qué una niña “blanca” y desnuda buscando niguas en sus pies es tan popular? Por ahí se dice que la Nigüenta se inspiró en una escultura de la Grecia Antigua llamada “El niño del Espino”. Otros hablan de tradiciones españolas, por la blancura de la piel de la muñeca, y algunos dicen que más bien su origen es precolombino, porque a veces se le representa con la piel más oscura. Primero se comercializó en forma de estampita, pero luego las pequeñas estatuillas fueron ganando más popularidad. 

Algunas creencias complementaron la tenencia de una Nigüenta en el hogar y ello aumentó la fe y devoción de la gente: atarle cintas rojas para protección al hogar, atarle cintas amarillas y blancas para protección familiar, colocar debajo de ella un billete de lotería doblado, escribir un deseo en un papel y pegárselo, darle como ofrenda un saquito rojo lleno con arroz y frijoles para que nunca falte el alimento, o hasta ponerle un billete de 1000 colones para que nunca falte el dinero. 

No importa su origen, no importa cuántas ceremonias hagamos en su honor, lo cierto es que esta figurita ha sido y será parte de nuestro folklor por muchos años más. 

La próxima vez que piense en un regalo diferente, lleno de significado, de tradición y por supuesto, de mucha suerte, una Nigüenta podría ser lo que usted esté buscando.

 

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